Espacios virtuales: La ruina del Homo videns

Por: Daniela Berríos Söhrens, Geógrafa U. de Chile

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Los espacios virtuales han existido desde siempre dentro de nuestras mentes. La imaginación y las diferentes estructuras de pensamientos suponen espacios virtuales internos y personales llenos de toda la información que nos hace quienes somos como individuos. Como sabemos, el avance tecnológico de la humanidad eventualmente nos llevó a querer replicar nuestros cerebros en máquinas, y luego de todos los esfuerzos científicos necesarios y casi un siglo de avances tecnológicos desde el primer ordenador, llegamos a contar con una serie de diferentes dispositivos de uso masivos con la capacidad de conectarse a una red mundial de información virtual llamada Internet.

A fines de los años 90 y principios de los 2000, Internet estaba destinada principalmente a la búsqueda y descarga de información y contenidos, mientras las interacciones sociales se limitaban al envío de correo electrónico, foros temáticos y algunos programas de mensajería como ICQ o MSN. Estos últimos, estaban programados para ser herramientas de comunicación entre personas conocidas. Al ser la comunicación por internet una nueva tecnología que presentaba dinámicas de interacción social diferentes a las conocidas, no era extraño que en esa época existieran aprensiones sobre conocer personas por Internet, de hecho, quienes lo hacían, eran considerados “raros” o inadaptados sociales. Pero al mismo tiempo que la tecnología avanzaba y lo equipos se modernizaban, la sociedad también comenzó a utilizar cada vez más el Internet como medio de comunicación interpersonal, lo que se consolidó con la llegada de los teléfonos inteligentes, las aplicaciones de mensajería y la masificación de las redes sociales como Facebook, Twitter, Instagram, etc. estas últimas llegando a generar nuevos espacios virtuales reconocibles por el común de las personas.

Pero es importante recordar que antes de internet y las redes sociales, era la televisión y la radio las que solía invadir la intimidad de nuestras vidas. Esto implicaba que la comunidad sólo podía recibir información, sin posibilidad de interpelación o interacción con los comunicadores. Tomando en cuenta este antecedente y con el fin de comprender la dinámica de los espacios virtuales generados por las redes sociales, se hacen relevantes conceptos como el de “Homo videns”, acuñado por Giovanni Sartori (1998). Para él, “La televisión modifica radicalmente y empobrece el aparato cognoscitivo del Homo sapiens” (p. 17). Según Sartori, el Homo sapiens, formado como tal mediante el lenguaje verbal y fundamentalmente con la escritura, se convierte, por medio de su exposición continua a las imágenes, en un Homo videns incapaz de desarrollar ciertos procesos cognoscitivos, específicamente la capacidad de abstracción. Esto sucedería porque la televisión modifica la naturaleza de la comunicación, “pues traslada del contexto de la palabra (impresa o radio- transmitida) al contexto de la imagen” (p. 35), lo que supone una diferencia radical. Mientras la palabra es símbolo y debe entenderse e interpretarse de acuerdo a los códigos aprendidos, la imagen se ve, y para verla “basta con no ser ciego”. Esta manera de enterarse de lo que sucede, sin necesidad de leer ni de realizar un esfuerzo de traducción de los signos lingüísticos al significado, crearía un nuevo tipo de ser humano denominado Homo videns.

A partir de los pensamientos de Sartori y en vista de las nuevas dinámicas sociales y de comunicación que suceden en las redes sociales de internet, se comienza a acuñar el término “Homo Twitter”. Este concepto, desarrollado por César Cancino (2016), supone una personalidad alterna al Homo sapiens original y que acaba con la existencia del atrofiado Homo videns. El Homo Twitter, entiende el espacio virtual como un lugar de expresión e interacción con el resto de la comunidad, en el caso específico de Twitter, como una plaza pública, transformando así a sus usuarios en los ciudadanos vociferantes del ágora virtual. Para Cancino, no importa la identidad del Homo Twitter, sino la capacidad de cada tuit de conectar con los demás, lo que importa es crear un mensaje escrito acotado y la arquitectura del tuit en todo su conjunto, el que puede incluir: símbolos, emoticones, imágenes, material audiovisual o links con información. Es decir, el Homo Twitter no es un mero receptor de información como lo fue el Homo videns, sino que se instala en el centro de la comunicación, la interacción y las relaciones que se dan en el espacio virtual. Esto le entrega un mayor desarrollo de la abstracción, la capacidad argumentativa y de síntesis. Así como también significa la pérdida de terreno de los discursos hegemónicos que por décadas fueron instalados por los grupos de élite que controlan los medios de comunicación, como la televisión.

En definitiva, es en el espacio virtual donde se genera la abstracción, ya sea, en los espacios virtuales dentro de nuestras mentes, como en los espacios virtuales que surgen de la internet y las redes sociales. Es gracias a los espacios virtuales cibernéticos que el Homo sapiens logra salir del aletargamiento del Homo videns, empezando a influir en los flujos de información, aportando tanto contenidos como opiniones en los temas que puedan ser de su interés, e incluso influyendo en la opinión pública y la toma de decisiones de carácter social y político.

Referencias:
– Cansino César, Calles Santillana Jorge, Echeverría Martín. (2016) “Del Homo Videns al Homo Twitter : democracia y redes sociales”. Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.
– Sartori, Giovanni (1998) “Homo Videns. La sociedad teledirigida”. Editorial Taurus.

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